lunes, 4 de junio de 2012
"SENTIMIENTOS POR SERES QUERIDOS"
Voy a escribir aquí mis sentimientos hacia mi madre, los que no le expresé cuando estuve cerca de ella. No es que me justifique, pero lo que es cierto es que la tuve tan poco tiempo cerca de mí, que no me dio tiempo a madurar y saber a ciencia cierta lo que ocurría, siempre me centré en mí misma y no empecé a pensar en los demás hasta que fui mayor, muy mayor, por lo que no aclaré mi mente, con respecto a ella hasta que ya fue tarde; o tal vez es lo que ocurre cuando los pierdes, entonces te das cuenta de lo que eran para ti y de lo que les necesitabas y de lo que tenías cuando estaban a tu lado, no solo me ocurrió con ella, también con mi padre y antes con mi hermano; porque sí, en tan solo seis años aproximadamente perdí hermano, padre y madre ¡casi nada! Lógico es que uno no se recupere casi nunca de semejantes golpes. Porque no fueron muertes normales y en su tiempo lógico no, la primera fue la de mi hermano Felipe, el quinto de entre los doce, un hermano al que se le había hecho poco caso, digamos, pero eso no era sorprendente en mi familia, pues entenderéis que en una familia de catorce miembros incluidos los padres cada uno tiene que atenderse un poco a sí mismo, ¡bueno menos la mayor que en momentos puntuales, más de los que ella quisiera, tiene que ocuparse y preocuparse de todos los hermanos que le siguen! Que son todos claro. ¡Había que ayudar a mamá! Pues como decía Felipe era un hermano que no llamaba nunca la atención, iba a su bola que se dice ahora, y un buen día trabajando (era conductor de trailler) en una carretera solitaria a las cuatro de la mañana, un fatal accidente se nos lo llevó. Sufrimos muchísimo todos, lo queríamos muchísimo todos, y entonces es cuando te das cuenta lo grande que era como persona, bueno, solidario, generoso. Lloré mucho, durante mucho tiempo después su pérdida, aún hoy lo hago. Pues, por si eso era poco, pasados cuatro años justos el que nos dejó fue mi padre, joven era joven, un padre no debe morir a los 60 años, pero tampoco un hermano debe morir en accidente a los 30, y finalmente a los dos años de mi padre, se fue mi madre, yo no estaba aquí, estaba a más de 2000 kilómetros a visitar a mi hija, y cuando me llamaron, me vine rápido, pero ya no llegué más que a verla un poquito su cara delgada, delgada debido al sufrimiento último y a la enfermedad, además a causa de esta ya no estaba en condiciones normales. Fue muy muy duro, y yo no me despedí, ni cuando hablaba con ella porque la iba a visitar a la residencia, ni antes cuando estaba en casa, la verdad es que nunca conectamos mucho, yo por carácter o por lo que fuera siempre fui más afín a mi padre, decían que era igual que él, ¡no lo sé! Eso no quiere decir que no la quisiera, ¡en absoluto! Precisamente por eso sufría más de lo que quise reconocer nunca, esa falta de entendimiento entre ella y yo siempre me trajo de cabeza, discutíamos a menudo, porque ella era una persona que necesitaba que le dieran la razón siempre y yo soy muy clara, suelo decir las cosas como las pienso y en cuanto la contradecía, ya estaba formada la pelotera; pero le ocurría igual con cualquiera de mis hermanos, lo cual no me impide sentir que yo la dejé sola que nunca fui esa hija que a todas horas está con su madre, que se llaman todos los días, que van juntas de compras, que se cuentan sus intimidades, pero es que me era imposible. Y bien sabe Dios que yo la quería, ¡Dios como la quería y la sigo queriendo! Lo que siento es que nunca se lo dije, no podía expresarme con ella como lo estoy haciendo con el papel, pero tampoco lo podía hacer con mi padre; de hecho siempre hemos sido una familia muy despegada, nos queremos con locura todos, pero no sabemos decírnoslo, ni comunicárnoslo, siempre nos dijeron que eso eran tonterías de niños muy mimosos y mi padre no dejó que hubiera ese tipo de demostraciones en casa, luego lo aprendimos todos y en cuanto alguno le hacía algún arrumaco a otro, ya nos estábamos llamándonos tonterías e insultos ofensivos sin saber además lo que significaban. Hoy me doy cuenta de lo que los quiero a todos, y aún sufro más porque todavía soy incapaz de decírselo, me parece que no lo van a admitir, o se quedarán pensando que soy una tonta, ridícula; ¡Ah! Pero lo que no me importa es expresarme con normalidad con mis sobrinitos pequeños, siempre me han gustado mucho los niños pequeños y cada vez que tengo alguno en mis brazos lo canso a llamarlo cosas y a darle besos; no lo hice con mi hija por el motivo dicho antes, pero ahora a mi nieto le grito, lo llamo –mi sol- lo beso, le digo – mi joya, que eres la joya de la casa- y un montón de cosas más, me da igual lo que piensen los que me escuchen, ahora no me importa expresar lo que siento. Pero en fin esto iban a ser unos sentimientos hacia mi madre y al final he contado media vida de mi familia. SOLO ME QUEDA DECIR QUE A TODOS A TODOS, LOS QUIERO MUCHÍSIMO.
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